lunes, 1 de mayo de 2017

Luchando como Federico, cayendo como el Führer | Muerte de Adolf Hitler


Ahí estaba, el deteriorado y envejecido líder alemán, solo, con múltiples dolores en su cuerpo, sobre todo en  su estómago; ahí estaba, en su despacho, contemplando un cuadro de Federico II de Prusia, o como muchos le llaman, Federico el Grande. Inmóvil, pensativo, esperando un milagro, aquel milagro que salvó al gallardo líder prusiano del desastre en 1762, cuando las tropas rusas que se disponían a penetrar en la ciudad de Berlín, sorpresivamente se rindieron ante el casi derrotado ejercito de Prusia; para fortuna de los teutones, el nuevo Zar de Rusia, Pedro III, era profundo admirador del Rey Prusiano, esto, sumado a su incompetencia como regente, hizo que se le regalara la victoria en la guerra de los 7 años a la nación germana.
Cuadro de Federico II de Prusia | Federico el Grande
Ahí estaba, sumergido entre sollozos, en la lobreguez que caracterizaba la profundidad de su búnker, del Führerbunker. Ahí estaba Adolf Hitler, líder de un imperio derrotado, un hombre satanizado, denigrado, pero que sin lugar a dudas, la historia sabrá compensar; aunque para aquella fecha, 30 de Abril de 1945, el destino le tenía preparado un final poco glorioso, aunque sin carencia de dramatismo.

"Mañana me convertiré en un hombre maldito y odiado para millones de personas"; dijo Hitler el día antes de su muerte, en su búnker, el cual, había sido construido el 23 de octubre de 1944, y se ubicaba justo a 8.2 metros debajo de la cancillería.

El Führer, había llegado a la capital alemana el 16 de enero de 1945, 14 días después, en el aniversario número 12 de su gobierno, daría su último discurso trasmitido en la radio de la ciudad, en donde hizo un resumen de su gobierno y del conflicto europeo, e instaba al pueblo a tomar las armas y defenderse del ejercito rojo. "El dios Omnipotente ha creado nuestro pueblo, y al defender su existencia defendemos su creación", dijo Hitler en aquella gris y desabrida alocución que dio la vuelta al mundo, y que sería asociada con los acontecimientos que se llevarían a cabo 3 meses después, en las lúgubres profundidades del Führerbunker.

Aparición de Hitler en público el 20 de marzo, en le patio de la cancillería. En la foto se puede ver al dictador saludando a los jóvenes defensores de Berlín.

Moralmente obligado a responder ante sus subalternos, y comprometido con ser el último bastión de la resistencia nazi; el día 20 marzo, hizo su última aparición en público en la que fue fotografiado y filmado; en este acto, saludó [no condecoró como se cree] a los jóvenes de las juventudes hitlerianas que habían mostrado una inmensa valentía en la absurda y desesperada defensa de Berlín; estos adolescentes, habían recibido sus condecoraciones previamente a la salida del dictador. Pese a que un tenue optimismo se podía vislumbrar en aquella frágil sonrisa con la que se presentaba ante su público, el canciller de Alemania, en el fondo, sabía que todo estaba perdido. Aquel acto protocolar ejecutado en el jardín de la cancillería, no sería el último que el dictador llevaría a cabo, no obstante, no fue hasta el último día del mes de abril, que se le pudo tomar otra fotografía..

Pese a los estresantes, incómodos y aterradores sonidos de los obuses rusos, que cada vez se escuchaban más cerca, un pequeño rayo de luz se hizo presente en el sombrío subterráneo en el que los líderes del III Reich se encontraban sumergidos. Blondi, la perra de Hitler, que había sido suya desde 1941, cuando la guerra aún marchaba en la dirección correcta para los alemanes, dio a luz a una camada de 5 cachorros, uno de estos perros fue nombrado por el mismo Hitler como Wolf, en alusión a uno de sus apodos; este acontecimiento se dio el 4 de abril, y a partir de entonces, la vida de todos, incluyendo la de aquellos dulces e inocentes recién nacidos, estaría dibujada únicamente en escala de grises, sin ningún color vívido que diera alguna esperanza.
Adolf Hitler y Blondi en el Berghof

Las grises paredes del Führerbunker, eran testigos del torpe caminar de Hitler; arrastraba sus pies, su joroba era una de los elementos más notables de su apariencia, en algunas ocasiones le costaba mantener la boca cerrada, y vergonzosa e involuntariamente dejaba salir saliva, su mano izquierda temblaba descontroladamente a causa del mal de Parkinson que tanto daño había hecho en su vida, siendo notable desde 1932, cuando aún no era canciller de Alemania. Su semblante era el de un hombre frustrado, triste, con el ceño aún fruncido, siendo esto parte de una coraza que impedía la exposición de su sentimientos, de sus temores, del miedo por lo que le deparaba el destino; aquel "Lobo Noble", no era más que un ser humano acorralado por sus infames enemigos. Con una punzada que partía de su corazón y recorría todo su cuerpo, el hombre que había puesto de rodillas a la mayor parte de Europa, estaba al borde del abismo, del final caótico de una vida de altibajos, de una existencia que fue tan gloriosa como funesta.

A los 56 años de edad, cumplidos el 20 de abril, Hitler parecía de entre 70 y 75 según Erna Flegel, una de las enfermeras del búnker. Para Adolf Hitler, 1945 era el año del final, no solo por la derrota que se veía venir en la guerra, sino por su deteriorado estado de salud. A finales de 1944, uno de sus médicos le dijo que no le quedaba ni un año de vida, lo que hace que su decisión de no abandonar Berlín  pese a la invasión rusa, tuviera algo de sentido, al menos para él. Ese mismo día, volvió a aparecer en público, por última vez, pero no existen fotos ni grabaciones de esta aparición, aunque algunas fuentes, erróneamente, señalan a las fotos del 20 de marzo como la prueba de su aparición pública del 20 de abril..

No obstante, no fue sino hasta dos días más tarde que, víctima de sus propios nervios, admitió que no había nada más que hacer en la guerra. Aunque, como solía suceder con las malas noticias, las asimiló y reprochó en medio de un estallido de ira; Goebbels y Krebs, dos de los personajes de mayor renombre que lo acompañaban en la sala de mapas del búnker; fueron testigos de su crisis, la última explosión de aquel envejecido hombre que había sido el elemento fundamental de una maquinaria bélica de proporciones bíblicas.

Su paranoia, no solo le obligaba a señalar a todos sus generales como traidores y responsables de la derrota de Alemania, también lo arrastró a un cuadro depresivo agudo cuando supo el 28 de abril, que Heinrich Himmler, quien era el ReichFührer-SS y el Reichminister del Interior, negociaba la paz con los aliados por medio de la Cruz Roja internacional; aquello, aunque ahora parezca algo sensato, una medida razonable que pudo ahorrar un poco de sufrimiento al pueblo alemán que aún estaba siendo atacado por los soviéticos; para Hitler, fue una traición llevada a cabo por la única persona del alto mando en la que aún confiaba, el que fue su mano de derecha y quien era considerado; no por jerarquía sino por poder gracias al apoyo de las SS; como su sucesor.
Cadáver de Blondi, la perra de Hitler, hallado por los rusos en el jardín de la cancillería.

Aquel doloroso 28 de abril terminó de sepultar todo vestigio de esperanza, si es que aún quedaba algo. El lobo herido, lanzó sus últimos aullidos y con ellos, mandó a ejecutar a Hermann Fegelein, cuñado de su pareja, Eva Braun, y que además, era el contacto de Himmler en el búnker; seguidamente, ordenó que se probarán las cápsulas de cianuro que su médico, Werner Hasse, le había dado en caso de que decidiera acabar son su vida. El mismo Führer decidió que Blondi fuera sacrificada para verificar la funcionabilidad de aquel potente veneno. El inocente animal, que había nacido en 1930, llegó al final de su vida a los 15 años, una edad avanzada para un Pastor Alemán. Sin duda, la fiel Blondi tuvo un final doloroso, sobre todo cuando se llega a dichas instancias involuntariamente.

Ese mismo día, llegó a los oídos del Führer, la muerte del que fue su aliado desde 1934, Benito Mussolini, el dictador italiano fue asesinado por su mismo pueblo junto a su amante, Clara Petacci, y sus cuerpos fueron mutilados, colgados y exhibidos en una gasolinera cerca de la plaza de Milán. Después de escuchar los detalles de aquel sangriento espectáculo, Hitler se prometió que no iba a ser parte del circo que pretendían montar sus enemigos, sobre todo los rusos.
Adolf Hitler y Eva Braun cenando en el Berghof.

Resignado, y habiendo asumido el catastrófico final de su vida, Hitler decide irse de este mundo de la mano de la mujer que lo acompañó incondicionalmente desde 1931 [cuando formalizaron su relación], es por ello que, pasada la media noche del 29 de abril, se casaron en una modesta ceremonia civil a la que asistieron sus allegados y asistentes presentes en el búnker. Sin perder tiempo, el Führer se dispuso a redactar su testamento político a Traudl Junge, su secretaria principal, la redacción duró aproximadamente 2 horas, y las 4 copias preparadas, fueron enviadas a múltiples destinos, uno de ellos era las manos de Karl Donitz, Großadmiral y comandante de la Kriegmarine desde el 30 de enero de 1943, a quién Hitler nombraba como su sucesor en su última voluntad.

En aquel triste documento, se puede leer un fragmento que dice lo siguiente: "Todo lo que poseo, pertenece en su debido grado al Partido. Si este ya no existe, al Estado; si el Estado también es destruido, no hace falta una última decisión mía".

30 de abril. Tras apartar su mirada del cuadro de Federico el Grande, se ha dado cuenta de que su destino no tienen ningún paralelismo con el de su héroe, nada impedirá que los rusos tomen por completo la capital alemana, aquellos eventos que elevaron a Prusia como el gran vencedor de la guerra de los 7 años y que la posicionaron como una de las grandes potencias europeas del siglo XVIII, no se repetirán. Solo había una solución para el conflicto en el que la Alemania Nazi se encontraba sumergida desde 1939, la muerte.
Última foto de Hitler, tomada momentos antes de que este volviera a su búnker, el 30 de abril. En la imagen se puede observar al Führer evaluando la situación de Berlín junto a un oficial de las SS. Aunque también se dice que el de la foto era uno de sus dobles.
A las 02:30 de la mañana, Hitler salió de su despacho privado y reunió a 20 personas, la mayoría mujeres, y comenzó a darle las gracias estrechando la mano a todos y diciendo palabras prácticamente ininteligibles. Todos los presentes sabían que era la despedida definitiva. Según frau Junge; "Sus ojos estaban nublados por las lágrimas y parecía mirar a lo lejos, más allá de los muros del búnker. En cuanto se hubo retirado, se observó un fenómeno curioso. La tensión casi intolerable que reinaba en la habitación desapareció de golpe y varias personas organizaron un baile. Pronto se hizo endiablado y ruidoso, hasta el punto que el Führer se vio obligado a pedir un poco de calma", este fragmento citado pertenece a la obra titulada "Historia del tercer Reich | volumen 4 | la caída del Imperio nazi” cuyo autor es William L Shirer de la editorial Océano. Sin embargo, teorías alternativas señalan que no hubo celebración alguna, solo un gris y triste encierro en su despacho privado junto a su esposa, después de haberse despedido de sus ayudantes.
Cápsula de cianuro de las SS

Un frío y sombrío regalo; eso fue lo que Hitler le dio a sus secretarias: "Lamento no poder darle un regalo mejor", dijo el austriaco de nacimiento a su secretaria de más confianza; Traudl Junge. Luego, se marcharía a su lecho de muerte, donde la historia acaba y al mismo tiempo comienza, donde se marcó un antes y un después en la crónica de la humanidad. Así pues, tembloroso pero decidido a irse de este mundo, avanzaría lentamente hacia lo inevitable.

Aún llovía lágrimas sobre el suelo del búnker, y a pesar de los ruegos de Magda Goebbles, esposa del Joseph, el ministro de propaganda del partido nazi, el canciller se encerró en su despacho junto con su esposa, Eva, eran las 03:30 de la tarde [15:30]. El silencio imperó durante algunos minutos, el suspenso fue tan inquietante como absoluto; de repente, Otto Gunsche, uno de los asistentes del Führer y asignado a vigilar la puerta de su despacho, escuchó el sonido ahogado de un disparo, si, ahogado, así como las esperanzas de prosperidad de toda una nación, ahogado y perdido en las profundas y heladas aguas de la infamia e insensatez humana, según algunas fuentes, el suicidio se efectuó a las 03:45 de la tarde [15:45].
Soldados de las fuerzas aliadas inspeccionando el lugar de la muerte de Hitler.
Gunsch y Heinz Linge, el otro ayudante de Hitler, entraron en la habitación, y quedaron atónitos con lo que vieron. El que fue el líder absoluto de la nación más poderosa del planeta, yacía muerto, encorvado, con una tétrica mueca en su boca, su mano derecha, ubicada sobre su rodilla, estaba con la palma hacia arriba, mientras que la izquierda colgaba inerte. La sangre, aquel elemento que en muchas ocasiones simboliza la muerte pero que a su vez nos mantiene con vida, había hecho acto de presencia tanto en las paredes como en el sofá sobre el que descansaba el cadáver del dictador, además, desde un agujero en su sien derecha del tamaño de una moneda, salían dos hilos de aquel líquido rojo, que surcaban su rostro para luego precipitarse sobre la alfombra, en donde había otro charco de sangre, este último del tamaño de un plato.
Habitación donde Adolf  Hitler y Eva Braun [quien a partir del 30 de abril pasó firmar como Eva de Hitler] se suicidaron.
Al lado de su pie izquierdo, se encontraba una pistola Walther PPk de 6.36 mm, mientras que junto a su pie derecho, se ubicaba un arma de características similares pero de 7.65 mm, con esta última pistola, Hitler acabó con su vida, no sin antes consumir una de las píldoras de cianuro que Hasse le había facilitado. A su derecha, yacía Eva de Hitler, quien también había consumido el ácido prúsico, cuyo efecto impidió que pudiera disparar su arma dejándola caer sobre los pies de su esposo; lo que seguramente le produjo una muerte muy dolorosa. Ahí estaba ella, solo 40 horas después de haberse casado con el dictador, tumbada sobre el diván con sus ojos azules abiertos, pero sin alma alguna reflejada en aquella inerte mirada al vacío.
Walther PPK de 7.65 mm, el modelo del arma con la que Hitler se suicidó.
Tanto los ayudantes del Führer como Martin Bormann [Presidente del pardito Nazi] y Erich Kempka [chofer de Hitler], se encargaron de incinerar los cuerpos en un agujero formado por un obús soviético, 200 litros de gasolina fueron vertidos sobre los cadáveres para ejecutar dicha tarea, pero los bombardeos de los rusos y el clima poco favorable para mantener la llama con vida, hizo que los cuerpos no se calcinaran por completo, por lo que el ejercito rojo, pudo hacerse con los cadáveres después de la toma de la cancillería.
Tropas rusas inspeccionando el cadáver del doble de Hitler en el jardin de la cancillería el 1 de mayo.

Sin embargo, los soviéticos no lo tuvieron fácil al principio, ya que los ayudantes de Hitler, en cooperación con algunos soldados de las SS, hicieron lo posible por ocultar los restos del canciller, llegando a asesinar al que fue su doble, Ferdinand Biesel, dejando su cadáver expuesto en el jardín de la cancillería para engañar a los rusos, lamentablemente para los alemanes, la NKVD [el servicio de inteligencia soviético] pudo determinar que el cuerpo hallado no era el de Hitler.

El 1 de mayo de 1945, Karl Dönitz, quien legalmente era el nuevo Führer, anunció públicamente la muerte de Hitler. Por otra parte, el ejército rojo, presionado por Joseph Stalin, el líder de la URSS, estaba desesperado por encontrar el cadáver del dictador, es por ello que los rusos llevaron a cabo excavaciones en el jardín de la cancillería, pudiendo encontrar los restos de Adolf Hitler y de su esposa el 5 de mayo. No obstante, Stalin, guardó silencio, esto dio pie a las especulaciones que indicaban que Hitler había huido de Berlín en 1945; y pese a la evidencia que demuestra lo contrario, hay algunos historiadores que aún apoyan esta teoría.
Soldados rusos tamizando la fosa en la que fueron encontrados los restos calcinados de Adolf Hitler y Eva Braun.
Hoy día se sabe que los soviéticos intentaron ocultar el hallazgo de los restos de Hitler por motivos propagandísticos, estos, sabiendo que se aproximaba un clima de tensión absoluta con occidente después de la Segunda Guerra Mundial, querían acusar a los países de lo que más tarde se conocería como la OTAN, de haber ayudado a Hitler en su huida y desaparición. Aunque otras fuentes aseguran que Stalin promovió la farsa de la huida del Führer para disminuir la popularidad que había adquirido Gueorgui Zhúkov, general ruso que cooperó con la liberación de Leningrado, con la derrota alemana en la sangrienta y decisiva batalla de Stalingrado, y con la toma de Berlín; con este historial, era de esperar que se el atribuyera la captura del cuerpo de Hitler, algo que políticamente era anatema para Stalin.

De este modo, se inició una extraña guerra secreta entre los servicios de inteligencia soviéticos y los de occidente que duraría décadas, en la que se intentó ocultar las condiciones y ubicación del cadáver del dictador. No fue hasta la caída de la Unión Soviética en 1992, que la FSB reveló que los cuerpos de la pareja más buscada del siglo XX, fueron incinerados y las cenizas esparcidas en el río Elba el 13 de marzo de 1970. Hasta esa fecha, los restos se encontraban en un destacamento soviético ubicado en Magdeburgo, Alemania Oriental.
Así se dio la caída de una de las figuras más emblemáticas del siglo XX, idolatrado por algunos y odiados por otros, Adolf Hitler, gracias a la propaganda de la posguerra, sobre todo la soviética, ha pasado a ser símbolo del mal y de la mayor parte de males de Europa entre 1936 y 1945, pero como dije en un principio, seguramente que, tarde o temprano, la historia compensará tanto al hombre como a la mujer que, en silencio, le apoyó y fue fiel durante 14 años; y de este modo, la providencia hará un guiño a sus mancillados y ultrajados legados.
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jueves, 20 de abril de 2017

Cuando la Luna opaca al Sol


I
Es difícil comenzar,
¿Por dónde se puede empezar a describir la perfección?
¿Es posible expresar ese sentimiento que genera tu mirada?
Tus besos, tu calor invadiendo mi cuerpo...
Lluvias de pétalos caen sobre ti en forma de besos,
Son mis labios los que gritan y piden los tuyos,
Son mis brazos los que permanecen fríos a la espera de tu piel,
Tu tacto, aunque físicamente no nos hemos tocado, es un recuerdo especial, que aguarda por ser retomado por mi memoria en mis momentos de añoranza.

II
Mis ojos te esperan,
Aunque con una visión cada vez más turbia, por los sentimiento que en ellos se reflejan,
Por los que brotan y ruedan sin parar sobre mis mejillas, los fragmentos de un amor imposible, hasta encontrarse con aquellos labios que un día gozaron de la dulzura de tus besos, y que hoy solo cuentan con la salmuera de los recuerdos.
No me queda otra opción que la esperanza, fuente de la mayor fortaleza, pero también de la mayor debilidad.
No me queda otra opción que mirar al cielo, observar las estrellas, lo único que importa en este universo, en esta existencia.
No me queda otra opción que gritar a los cuatro vientos que aún sigo aquí, esperando ese suspiro de amor, ese aliento de vida, con el que me insuflaste ese alegre espíritu que tanto me ha cautivado, que tantos sentimientos me ha inspirado.

III
Bóreas es mi testigo, aunque con tu ausencia, el cruel hijo de Astreo, viene por las noches para helar mi sangre, y detener mi corazón.
Sin embargo, te veo, luna.
Irradiando todo a tu paso,
Removiendo las obscuras nubes del extenso firmamento,
Aumentando la luz de las estrellas con tu cercanía,
Calentando mi tez con tu benigna luminiscencia.
Opacando a Helios, con tu dulzura y alegría.
¡Te extraño! No lo puedo negar, tengo que gritarlo,
Es una terrible necesidad.
Extraño tus cariños, tus buenos tratos, aunque al mismo tiempo, recuerdo todo el daño,
Recuerdo y lamento cuando impulsé a los cuatro vientos, para cubrirte con la oscuridad de las espesas nubes de la media noche,
Recuerdo que, atenté contra tu luz, acto infame, acto terrible, del que hasta el lucero de la mañana se apena, y gracias al cual, cada estrella del cielo me condena.

IV
Elevaste mi corazón a lo más alto del firmamento, donde las estrellas no dejan de brillar, si, tú y solo tú, con tu misticismo, me convertiste en un punto luminoso en esa tela negra que nos cubre por las noches,
Me hiciste entender la vida, me hiciste tener un objetivo, me hiciste brillar como nunca, aunque, como las supernovas, fue por un momento cortito.
Ahora, después de haber hecho coincidir mi destino con el del ángel caído, observo a las estrellas maravillándome con la luz de la que soy un simple testigo,
Añorando ser una de esas almas, que brilla y guía los destinos.
La supresión de mi vida, es la única solución que se me ocurre, solo así podré brillar, mientras que te prometo mi luna que, en la próxima vida te iré a buscar.
Pero mis pensamientos se detienen en la cobardía, ese acto impuro que con mi vida pretende acabar,
¿Cómo seré digno de ti, si termino siendo un cobarde que de sus problemas corre, y es incapaz de una solución dar?
Pero entonces ¿Cómo puedo mi luna, brillar a tu lado? ¿Cómo puedo ser tu caballero dorado? ¿Cómo puedo ser la estrella de tus ojos, que, en el firmamento, junto a ti ha de brillar?
¿Qué puedo hacer para que nuestras almas, brillen hasta a Helios opacar?
¿Cómo mi amor? ¿Cómo puedo hacerlo? Dime por favor.

V
Eternamente condenado a verte brillar, rodeada de las luces, que me sonríen, pero que ya no me dan aliento nunca más.
Cuánto te deseo, cuánto te amo, no tienes idea de lo que pasa por mi corazón, y de lo mucho que te extraño.
No sé cómo explicártelo, no sé cómo decírtelo.
Solo quiero gritar y dejar salir mi alma con mi último aliento, quiero irme y al hacerlo, besarte una última vez en la frente y en el pecho,
Justo ahí, donde están los pensamientos y los sentimientos; donde guardas mis recuerdos y todo lo que yo por ti siento,
Justo ahí, donde siempre late fuerte tu corazón, ahí, donde algún día espero conseguir tu perdón.
Una última vez quiero hacerlo, un último acto heroico, en esta vida llena de tormentos.
Mi corazón siempre ha sido tuyo, mi luna,
Y mis más dulces pensamientos, son todos para vos.
Ahí te veo, en lo alto del cielo, brillando cuan puro espíritu, inalcanzable para mí, y alejada por una distancia que desgarra los tejidos de mi corazón, y rompe las costuras de mi alma remendada.
Condenado a ser Endimión, pero carente de tus besos,
Tan frío como la noche. Peor aún, alejado de mi amor eterno.
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20 de Abril de 1889 | Natalicio del Fuhrer, Adolf Hitler


El 20 de Abril de 1889, nació una de las figuras emblemáticas del siglo XX, un hombre que, por medio de la palabra y la acción militar, involucró a su pueblo en la segunda guerra mundial, un conflicto que duraría aproximadamente 6 años en Europa, y marcó el destino del mundo entero.

Nacido en Austria, el joven germano tuvo una infancia muy humilde, marcada por la estricta y austera educación de su padre, Alois Hitler, aduanero retirado, y el amor incondicional de su madre Klara, quien era 23 años menor que su esposo, e incluso, era su sobrina.

Hitler fue el tercero de 5 hermanos, y a los 20 años, ya sin sus padres en este mundo, se adentró en el mundo del arte, en Viena, no obstante, su 'falta de talento', le condenó a ser rechazado de la academia y a vivir una vida sumergido en la extrema pobreza, no obstante, la Primera Guerra mundial , significó una oportunidad de oro para él, quien comenzó una vida militar y posteriormente, iniciaría una exitosa carrera política, gracias a la que pudo hacerse con el corazón de toda una nación.

Tras su llegada al poder, siendo nombrado canciller en enero de 1933, comenzó una serie de reformas que elevarían el estilo y calidad de vida de loa alemanes, basándose en una ideología no menos eficiente que cualquiera de las occidentales; el nacionalsocialismo. Durante sus años de consenso, entre 1933 hasta 1939, posicionó a Alemania, entre las potencias militares y económicas de la época, llegando a fundar el Tercer Reich o Tercer Imperio Alemán; siendo el primero el de Otón I, fundado en el 962, y el segundo el creado por Otto Von Bismarck, y el Káiser Guillermo I en 1871.

Sin lugar a dudas, Hitler marcó un antes y un después en la historia de la humanidad, satanizado por muchos y venerado por otros, aquí en Das Reich, rendimos tributo a una de las figuras de más peso en la historia de Alemania.
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jueves, 23 de febrero de 2017

¿Cómo hacer un Semi-FF con Alemania, cuando te dan 200 de madera y 200 de alimento al iniciar?


El Semi-FF, o mejor conocido como Semi Fast Fortress, es una estrategia que consiste en el avance rápido a la edad 3, o edad de las fortalezas, sin descuidar la economía y presionando al rival haciendo raid constantemente, esta estrategia es la mas efectiva para los alemanes.

Primero, debes alcanzar los 800 de alimento lo más rápido posible mientras mantienes una población de 17 aldeanos, luego, avanzas a la edad 2 seleccionando al príncipe filosofo, trata de dejar a la mayoría de los carretones en oro y llega hasta los 12 o 13 aldeanos recolectando comida. Mientras haces esto, crea un pequeño grupo de Ulanos, y comienza a asesinar aldeanos enemigos mientras esperas para avanzar a la edad 3.

El sistema otorga a los jugadores cantidades de recursos diferentes cada vez que se inicia una partida, por lo que hemos dedicado una serie de videos a ¿como debe ser el inicio de una partida, haciendo un Semi-FF y con las variaciones de los recursos?

Para más información sobre las estrategias, visita la sección de estrategias de Das Reich:
http://dasreichaoe3.blogspot.com/p/estrategias.html#!

A continuación, el vídeo en cuestión:
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miércoles, 15 de febrero de 2017

Alemania vs Holanda - Age of Empires III - Gameplay


Esta es una partida individual entre Káiser RD (Alemania) y Mauricio de Nassau (Holanda), el lugar de la batalla es Bayou, la dificultad es experto, el tipo de partida es supremacia.

En esta partida, se ejecuta como estrategia, el Semi Fast Fortress, o Semi - FF, además, se hace incapié en el raid de principio a fin usando los Ulanos.

En la web Das Reich, podrás encontrar más información sobre la estrategia en cuestión y algunas tácticas usadas en esta partida: http://dasreichaoe3.blogspot.com/p/estrategias.html#1

A continuación, el video de la partida en cuestión:
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lunes, 13 de febrero de 2017

Campañas Age of Empires III - Sangre, hielo y acero - Acto I, Misión 3


En esta tercera misión, nos encontramos con la pirata Lizzie en el mar caribe, esta ataca a Morgan y no lo deja avanzar en la persecución de Sahir, el objetivo es crear una colonia en las islas caribeñas y derrotar a la pirata, tomar su ciudad y capturar las 5 cartas de navegación que estan en su poder, para ello debemos crear un ejercito terrestre y debemos contar con una fuerza naval.

A continuación el vídeo de la Misión:
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viernes, 10 de febrero de 2017

Campañas Age of Empires III - Sangre, hielo y acero - Acto I, Misión 2


Ahora te traemos la segunda misión de la primera campaña de Age of Empires III, en esta ocasión, hay que perseguir a las fuerzas del Halcon a traves de las cuevas de las montañas, destruir sus almacenes de armas y liberar a los prisioneros. Aquí contarás con un centro urbabo y aldenanos para recoger recursos, así como con el apoyo de Morgan Black y Alain.

A continucación el video, y no olvides comentar ni visitar nuestro canal dew Youtube

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